Objetivos:
Describir las características clínicas, sociodemográficas y terapéuticas de los pacientes atendidos en una consulta especializada de pie diabético en un hospital terciario. Cuantificar la proporción de pacientes con úlcera activa frente a aquellos en seguimiento por riesgo. Analizar la presencia de complicaciones microvasculares y macrovasculares asociadas a la diabetes mellitus (DM). Evaluar el grado de control glucémico, el tipo de tratamiento antidiabético y los hábitos de autocuidado del pie. Reforzar la utilidad del abordaje multidisciplinar precoz.
Material y métodos:
Estudio descriptivo transversal. Se incluyeron 72 pacientes valorados entre mayo de 2024 y mayo de 2025 en una consulta multidisciplinar de pie diabético. Se recogieron variables clínicas, sociodemográficas, analíticas, tratamientos, complicaciones crónicas, clasificación de Wagner y autocuidados mediante formulario estructurado.
Resultados:
La edad media fue de 72 años (rango 21–97), con predominio masculino (65.3%). El 85% tenía DM tipo 2, con una mediana de 15 años de evolución. El 41% presentaba neuropatía periférica, el 29.5% nefropatía, el 27% cardiopatía isquémica y el 24.2% retinopatía. El 27.5% tenía antecedentes de pie diabético. Según la escala de Wagner, el 24.1% no tenía úlcera activa (grado 0), el 50% presentaba grados 1–2 y el 26% lesiones graves (grados 3–5). El 87% recibía metformina, el 82% iSGLT2, el 79% agonistas GLP-1, el 55% insulina basal y el 49% insulina rápida. HbA1c media: 7.65%. IMC medio: 29.2 kg/m². TFG media: 64.5 ml/min. El 81% tenía hipertensión, el 80% dislipemia y el 38.5% tabaquismo actual o pasado. En autocuidados, el 70% había sido explorado en el último año, el 66% acudía al podólogo y el 63% refería cuidar sus pies.
Conclusiones:
Los pacientes presentan un perfil clínico complejo, con alta prevalencia de complicaciones y control metabólico mejorable. La elevada proporción de úlceras activas refleja el carácter asistencial de la consulta, mientras que el seguimiento de pacientes sin lesión activa permite actuar en prevención secundaria. El modelo multidisciplinar facilita una atención integral, mejora la detección precoz y optimiza el tratamiento, reforzando su valor en la práctica clínica habitual.
